Revisión de contratos antes de firmarlos: por qué es importante

Abogado revisando un contrato antes de firmarlo para analizar cláusulas y obligaciones

Firmar un contrato suele percibirse como el último paso de una negociación.

Las partes han hablado, han alcanzado un acuerdo y aparentemente solo queda plasmarlo por escrito. Sin embargo, es precisamente en ese momento cuando pueden aparecer algunos de los problemas más importantes.

Una cláusula que no se ha leído detenidamente, una obligación redactada de forma ambigua o una penalización aparentemente secundaria pueden tener consecuencias económicas relevantes meses o incluso años después.

Por eso, revisar un contrato antes de firmarlo no consiste únicamente en comprobar que los nombres y las cantidades son correctos.

Supone analizar qué obligaciones asume cada parte, qué riesgos existen y qué ocurrirá si las cosas no salen como se había previsto.

En muchas ocasiones, los conflictos contractuales no surgen porque una de las partes incumpla deliberadamente. Surgen porque las partes creían haber acordado una cosa, pero el contrato dice otra.

Un contrato obliga a las partes

La importancia de revisar un contrato antes de firmarlo parte de una idea jurídica fundamental: lo pactado tiene carácter vinculante.

El artículo 1091 del Código Civil establece que las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes y deben cumplirse conforme a lo pactado.

Además, el Código Civil establece que los contratos se perfeccionan por el consentimiento y obligan no solo a lo expresamente pactado, sino también a las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la ley.

Esto tiene una consecuencia práctica muy importante:

firmar un contrato no significa simplemente confirmar lo que se ha hablado previamente. Significa asumir formalmente las obligaciones que figuran en el documento.

Por eso, frases como estas pueden generar problemas:

  • «Es un contrato estándar».
  • «Es solo un trámite».
  • «Todos los contratos son iguales».
  • «Ya veremos cómo lo resolvemos después».
  • «Esto nunca se aplica».
  • «Lo importante es lo que hemos hablado».

Cuando surge un conflicto, el contenido del contrato adquiere una importancia decisiva.

Lo hablado y lo firmado no siempre coinciden

Es relativamente frecuente que durante una negociación se produzcan conversaciones por teléfono, correos electrónicos, reuniones o intercambios de mensajes.

Las partes pueden llegar a entender que determinadas condiciones forman parte del acuerdo.

Sin embargo, cuando finalmente se redacta el contrato, algunas de esas condiciones pueden:

  • No aparecer.
  • Aparecer modificadas.
  • Estar redactadas de forma ambigua.
  • Quedar condicionadas a otros requisitos.
  • Contradecir otras cláusulas.

Por ejemplo, una empresa puede contratar un servicio entendiendo que podrá resolver el contrato con un determinado preaviso.

Sin embargo, al revisar el documento firmado puede descubrir que existe una renovación automática o una penalización económica por cancelación anticipada.

El problema no siempre está en lo que las partes querían acordar.

Puede estar en la diferencia entre lo que creían haber acordado y lo que finalmente firmaron.

¿Qué debe revisarse antes de firmar un contrato?

No existe una lista idéntica para todos los contratos.

Una compraventa inmobiliaria tiene riesgos diferentes a un contrato de prestación de servicios, un arrendamiento o un acuerdo entre socios.

Sin embargo, existen determinadas cuestiones que conviene analizar prácticamente siempre.

1. ¿Quiénes son realmente las partes?

Puede parecer una cuestión elemental, pero identificar correctamente a las partes es fundamental.

Debe comprobarse:

  • Nombre completo o denominación social.
  • DNI, NIE o CIF.
  • Domicilio.
  • Datos registrales cuando proceda.
  • Persona que firma.
  • Facultades de representación.

En los contratos celebrados por empresas, es especialmente importante comprobar que la persona que firma tiene capacidad suficiente para obligar a la sociedad.

También deben analizarse situaciones en las que intervienen varias personas.

Por ejemplo, no es lo mismo contratar con una persona física que con una sociedad, ni firmar como avalista que hacerlo como parte principal del contrato.

2. ¿Qué se está contratando exactamente?

El objeto del contrato debe estar claramente definido.

Una de las principales fuentes de conflicto aparece cuando las obligaciones se describen mediante expresiones excesivamente generales.

Por ejemplo:

«La empresa prestará servicios de asesoramiento».

Esta cláusula puede resultar insuficiente.

¿Qué servicios concretos están incluidos?

¿Cuántas horas?

¿Existe un plazo?

¿Hay servicios excluidos?

¿Qué ocurre si se solicita trabajo adicional?

Cuanto más complejo sea el contrato, mayor importancia tendrá definir correctamente las prestaciones.

Una buena revisión contractual debe comprobar si una persona ajena al acuerdo podría entender claramente qué debe hacer cada parte.

3. El precio no es lo único importante

Muchas personas revisan con atención la cantidad que aparece en el contrato.

Sin embargo, el precio es solo una parte de la relación económica.

También conviene analizar:

  • Cuándo debe realizarse el pago.
  • Cómo se factura.
  • Si existen anticipos.
  • Si se incluyen impuestos.
  • Si pueden aplicarse gastos adicionales.
  • Si el precio puede modificarse.
  • Si existen revisiones periódicas.
  • Qué ocurre en caso de retraso.

Una cláusula aparentemente sencilla sobre el precio puede esconder consecuencias importantes.

Por ejemplo, un contrato puede establecer una cantidad mensual atractiva pero incluir posteriormente:

  • Incrementos automáticos.
  • Gastos adicionales.
  • Costes por determinados servicios.
  • Penalizaciones.
  • Intereses de demora.

Por eso, revisar únicamente la cifra principal no es suficiente.

4. Los plazos y fechas

Otro elemento esencial es determinar cuándo deben cumplirse las obligaciones.

Conviene revisar:

  • Fecha de inicio.
  • Duración.
  • Fecha de finalización.
  • Plazos de entrega.
  • Preavisos.
  • Prórrogas.
  • Renovaciones automáticas.

Las cláusulas de renovación merecen una atención especial.

Un contrato puede tener una duración inicial de un año pero renovarse automáticamente si ninguna de las partes comunica su voluntad de finalizarlo con varios meses de antelación.

Si esta cláusula pasa desapercibida, una relación contractual que parecía temporal puede prolongarse.

5. ¿Cómo puede terminar el contrato?

Esta es probablemente una de las cláusulas más importantes y, al mismo tiempo, una de las que menos atención recibe.

Antes de firmar conviene preguntarse:

¿Qué ocurre si dentro de seis meses quiero terminar esta relación contractual?

Debe analizarse la diferencia entre:

  • Finalización por cumplimiento.
  • Resolución por incumplimiento.
  • Desistimiento.
  • Cancelación anticipada.
  • Denuncia del contrato.
  • No renovación.

También deben revisarse los requisitos necesarios:

  • Plazo de preaviso.
  • Forma de comunicación.
  • Necesidad de justificar la decisión.
  • Penalizaciones económicas.

No es suficiente con saber cómo empieza un contrato.

Es fundamental saber cómo puede terminar.

6. Las penalizaciones por incumplimiento

Las cláusulas penales pueden tener importantes consecuencias económicas.

Por ejemplo, un contrato puede establecer una penalización por:

  • Retraso.
  • Cancelación.
  • Incumplimiento.
  • Divulgación de información.
  • Competencia.
  • Falta de pago.

El problema aparece cuando estas cláusulas se leen superficialmente.

Una penalización puede parecer razonable en abstracto, pero resultar desproporcionada cuando se analiza junto con el resto del contrato.

Antes de firmar conviene determinar:

  • Qué conducta activa la penalización.
  • Cuál es su importe.
  • Si existe un límite máximo.
  • Si se aplica automáticamente.
  • Si se acumula a otros daños.
  • Qué ocurre ante incumplimientos parciales.

El momento adecuado para negociar una penalización es antes de firmar, no después de producirse el incumplimiento.

7. Las obligaciones que parecen secundarias

No todas las obligaciones importantes aparecen necesariamente en las primeras cláusulas.

En ocasiones, las consecuencias más relevantes se encuentran en apartados relacionados con:

  • Confidencialidad.
  • Protección de datos.
  • Propiedad intelectual.
  • Exclusividad.
  • No competencia.
  • Comunicaciones.
  • Cesión del contrato.
  • Garantías.

Una cláusula de exclusividad, por ejemplo, puede limitar la posibilidad de trabajar con otros proveedores o clientes.

Una cláusula sobre propiedad intelectual puede determinar quién es titular de un trabajo o contenido creado durante la relación contractual.

Son cuestiones que pueden pasar desapercibidas durante la negociación inicial pero adquirir una enorme importancia posteriormente.

8. Las cláusulas ambiguas

Un contrato no siempre genera problemas porque contenga una cláusula claramente perjudicial.

A veces el problema es precisamente que no queda claro qué significa una cláusula.

Expresiones como:

  • «En un plazo razonable».
  • «Cuando sea necesario».
  • «Según criterio de la empresa».
  • «Con la mayor diligencia».
  • «Salvo circunstancias excepcionales».

pueden requerir posteriormente una interpretación.

La ambigüedad no siempre puede evitarse, pero las obligaciones esenciales deberían quedar suficientemente determinadas.

El Código Civil reconoce la libertad de los contratantes para establecer los pactos y condiciones que consideren convenientes, dentro de los límites legales, y establece que la validez y cumplimiento del contrato no pueden quedar al arbitrio de uno solo de ellos.

Por eso, una buena revisión debe detectar aquellas cláusulas que conceden a una parte una capacidad excesiva para decidir unilateralmente cómo se aplica el contrato.

¿Qué ocurre con los contratos estándar?

Los contratos estándar son habituales.

Aparecen en relaciones con:

  • Bancos.
  • Aseguradoras.
  • Empresas de telecomunicaciones.
  • Plataformas digitales.
  • Proveedores de servicios.
  • Arrendamientos.
  • Operaciones inmobiliarias.

El hecho de que un contrato sea un modelo previamente redactado no significa que carezca de importancia.

Precisamente al tratarse de documentos preparados con antelación pueden contener condiciones generales que el cliente no ha negociado individualmente.

En los contratos con consumidores, la normativa exige que las cláusulas no negociadas individualmente sean concretas, claras, sencillas, accesibles y legibles, y que respeten la buena fe y el equilibrio entre los derechos y obligaciones de las partes.

Además, las cláusulas abusivas son nulas de pleno derecho.

Pero existe una cuestión práctica importante: detectar un problema después de firmar puede obligar a iniciar una reclamación para resolverlo.

La prevención sigue siendo preferible al conflicto.

Revisar no significa desconfiar

Pedir tiempo para revisar un contrato no debería interpretarse como una falta de confianza.

Un contrato bien elaborado protege a ambas partes.

De hecho, cuanto mayor sea la importancia económica de una operación, más razonable resulta que cada parte comprenda exactamente qué está firmando.

La revisión jurídica puede incluso facilitar la negociación.

En ocasiones, las partes están de acuerdo sobre la operación principal pero el documento contiene cláusulas heredadas de modelos anteriores que no reflejan realmente su voluntad.

Detectarlas antes de la firma permite corregirlas.

Los errores más frecuentes al firmar un contrato

Existen algunos errores que se repiten con frecuencia.

Firmar con prisas

La presión por cerrar una operación puede provocar que una persona acepte condiciones que habría cuestionado con más tiempo.

Revisar únicamente el precio

Como hemos visto, las consecuencias económicas pueden encontrarse en otras cláusulas.

Confiar exclusivamente en acuerdos verbales

Es recomendable que las condiciones esenciales queden correctamente reflejadas.

No leer los anexos

En ocasiones, las obligaciones más concretas aparecen precisamente en documentos anexos.

Ignorar las cláusulas finales

Los apartados relativos a jurisdicción, comunicaciones, protección de datos o resolución de conflictos suelen dejarse para el final, pero pueden ser relevantes.

Utilizar modelos de internet sin adaptarlos

Un modelo puede servir como punto de partida, pero no garantiza que sea adecuado para una situación concreta.

Cada contrato responde a una relación jurídica determinada.

¿Cuándo es especialmente recomendable una revisión jurídica?

No todos los contratos requieren el mismo nivel de análisis.

Sin embargo, resulta especialmente recomendable realizar una revisión profesional cuando concurren circunstancias como:

  • Operaciones económicas importantes.
  • Contratos de larga duración.
  • Existencia de penalizaciones elevadas.
  • Compra o venta de inmuebles.
  • Acuerdos entre socios.
  • Contratos mercantiles relevantes.
  • Prestación continuada de servicios.
  • Obligaciones de exclusividad.
  • Avales o garantías personales.
  • Cesiones de derechos.
  • Contratos redactados íntegramente por la otra parte.

También puede ser conveniente cuando el contrato contiene cláusulas que no se comprenden completamente.

Firmar un documento sin entender alguna de sus obligaciones supone asumir un riesgo innecesario.

La revisión debe realizarse antes de que exista un problema

Esta es probablemente la principal razón para revisar un contrato antes de firmarlo.

Cuando surge un conflicto, las opciones disponibles suelen ser más limitadas.

Puede ser necesario:

  • Negociar una modificación.
  • Reclamar el cumplimiento.
  • Resolver el contrato.
  • Solicitar una indemnización.
  • Defenderse frente a una reclamación judicial.

Sin embargo, antes de firmar existe mayor margen de actuación.

Se pueden:

  • Eliminar cláusulas.
  • Modificar obligaciones.
  • Aclarar conceptos.
  • Establecer límites.
  • Negociar plazos.
  • Incorporar garantías.
  • Regular posibles situaciones futuras.

Una revisión contractual no consiste necesariamente en cambiar el contrato por completo.

En ocasiones, basta con modificar una cláusula para reducir significativamente un riesgo.

¿Qué aporta una revisión jurídica de un contrato?

Una revisión profesional debería permitir responder, entre otras, a estas preguntas:

  • ¿Qué estoy obligado a hacer?
  • ¿Qué debe hacer la otra parte?
  • ¿Qué riesgos asumo?
  • ¿Qué cláusulas pueden generar problemas?
  • ¿Existen obligaciones poco claras?
  • ¿Qué ocurre si alguien incumple?
  • ¿Cómo puedo terminar el contrato?
  • ¿Existen penalizaciones?
  • ¿Hay condiciones que puedan negociarse?
  • ¿El contrato refleja realmente lo acordado?

El objetivo no es buscar problemas donde no los hay.

Es conocer las consecuencias jurídicas antes de asumirlas.

Un contrato bien revisado puede evitar conflictos futuros

Ningún contrato puede garantizar que las partes nunca tendrán un desacuerdo.

Las circunstancias cambian y pueden producirse incumplimientos.

Pero una redacción clara reduce considerablemente la incertidumbre.

Cuando cada parte conoce:

  • Sus obligaciones.
  • Los plazos.
  • Las consecuencias del incumplimiento.
  • Los mecanismos para resolver conflictos.

resulta más sencillo gestionar la relación contractual.

La prevención jurídica tiene aquí una función especialmente importante.

Resolver un conflicto contractual puede implicar meses de negociación o incluso un procedimiento judicial.

Detectar una cláusula problemática antes de firmar puede requerir únicamente una modificación del documento.

En resumen

Revisar un contrato antes de firmarlo no es un trámite innecesario.

Es el momento en el que todavía existe la posibilidad de analizar las obligaciones, detectar riesgos y negociar modificaciones.

Una vez firmado, el contrato vincula a las partes y sus cláusulas pueden tener consecuencias que no siempre resultan evidentes durante una lectura rápida.

Por eso, antes de firmar conviene prestar especial atención al objeto del contrato, las obligaciones de cada parte, el precio, los plazos, las penalizaciones y, especialmente, las condiciones para finalizar la relación contractual.

La mejor estrategia frente a un conflicto contractual suele comenzar antes de que exista el conflicto.

Entender lo que se firma es la primera forma de proteger los propios intereses.

¿Necesitas asesoramiento sobre tu caso?

Analizamos tu situación y te orientamos sobre las opciones legales disponibles.

TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE

Representación de diferentes supuestos de responsabilidad civil por daños causados por personas, animales y bienes

Responsabilidad por daños causados por otras personas o cosas

Cuando una persona sufre un daño, la primera pregunta suele parecer sencilla: ¿Quién ha sido el responsable? Sin embargo, desde un punto de vista jurídico, la respuesta no siempre coincide

Contrato de arras con vivienda y diferencias entre arras penitenciales, confirmatorias y penales

Arras penitenciales, confirmatorias y penales: diferencias

La firma de un contrato de arras es uno de los momentos más importantes antes de formalizar la compraventa de un inmueble. Habitualmente, comprador y vendedor alcanzan un acuerdo sobre

Familiares resolviendo un conflicto por el reparto de una herencia

Conflictos entre herederos: cómo resolverlos

La muerte de un familiar no siempre une a los herederos. En muchas ocasiones, la gestión de una herencia puede convertirse en el origen de importantes conflictos familiares. Las diferencias